El hombre con corbata

Actualizado: mar 16


El hombre con corbata

Autor desconocido

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Había una vez un pequeño productor, hijo de productores, nieto de productores… lo llevaba en la sangre. Sabía perfectamente como se hacía, como se respetaba ese pastizal antiguo que había heredado. Ese pastizal variado que nunca se había roturado, lleno de especies nativas donde su ganado pastaba de forma extensiva. No se preguntaba el porqué. Eso se hacía así porque así lo había hecho su abuelo antes y su padre después. El pequeño productor podía gozar de un equilibrio donde el ganado, el suelo y el pasto mantenían productividad y salud estables. No hacía falta apenas insumos. Nuestro amigo tenía unos ingresos de 20 y unos gastos de 10. El equilibrio estaba perfectamente logrado. Animales felices y medio ambiente salvaguardado creaban una ganancia justa.

Un buen (o mal) día llegó al pastizal un hombre vestido con corbata. Le contó una magnífica historia… ¿cómo no iba a creerle? Parecía tan profesional y probablemente lo era. Quizás él tampoco sabía las consecuencias de lo que estaba proponiendo. O a lo mejor si. El hombre con corbata era tan convincente… igual era porque él también creía lo que estaba contando. O no. Nuestro productor solo tenía que comprar un abono inorgánico, relativamente barato, la verdad, para incrementar exponencialmente la cantidad de pasto y consecuentemente sus beneficios. Parecía un cuento de hadas o quizás un milagro. El hombre con corbata convenció a nuestro amigo y él se decidió a hacerlo. Sí. Lo hizo. Compró el abono. El pasto aumentó ese año. El productor no podía creérselo!!! Entonces era verdad. El hombre con corbata no le había mentido. Ese año nuestro amigo aumentó sus ingresos.

Ese año fue el principio de un gran cambio. Revolución verde lo llamaban. Nunca más la vida de ese campesino hubiera sido la misma. Nunca más el suelo heredado hubiera vuelto a ese perfecto equilibrio. Empezaron así los abonos anuales. El hombre con corbata iba todas las primaveras a visitar a nuestro amigo para que no se le olvidara abonar su pastizal.

Al cabo de cuatro años el hombre con corbata sugiere al pequeño productor labrar la tierra y sembrar unas semillas mejoradas que conjuntamente a un abonado hubieran proporcionado a nuestro amigo un pastizal como el que nunca había tenido. Porque iba a mentirle el hombre con corbata. No lo había hecho hasta ahora. Así que lo hizo. Labró y abonó. Al hacerlo las plantas y el oxígeno devoraron el humus, que tanto tardó en formarse, convirtiéndose en un frondoso pastizal pero con fecha de caducidad, aunque todavía nuestro productor no sabía lo que le esperaba.

Al cabo de 4 años aparecieron calvas en el pastizal producidas por la compactación del terreno, y el campesino tuvo que repetir la operación ya que el rendimiento del pastizal se había reducido a producciones mínimas. Pero al volverlo a sembrar tuvo que usar muchos más abonos para obtener la misma cantidad que en la primera siembra. Esto no se lo había contado el hombre con corbata que ya poco pisaba su tierra. Ya no le hacía falta a ese maravilloso profesional recordar a nuestro amigo abonar el terreno. Ya no se podía hacer otra cosa. Ya los juegos estaban echados. Los nudos no se podían disolver. La dependencia estaba en el aire. Además, nuestro amigo tuvo que comprarse un equipo de fumigación. Se lo vendió el hombre con corbata para hacer frente a las plagas que aparecieron y que antes no había.


Al cabo de una década los animales empezaron a enfermar como nunca había pasado. Infecciones decía el veterinario del pueblo. Año tras año bichos invisibles con nombres impronunciables provocaban epidemias en su ganado. ¿Qué estaba pasando? Si él hizo todo lo que le dijo ese magnífico profesional.


Así que bajo el consejo del hombre con corbata construyó una granja para tener los animales estabulados para que no volviesen a enfermar. Pero sucedía todo lo contrario. Seguían apareciendo enfermedades nuevas así que nuestro amigo decidió mejorar la genética. Se lo sugirió el hombre con corbata. Siempre tenía una solución a sus problemas. Menos mal!! Pero las enfermedades seguían en aumento. Él también últimamente se encontraba un poco flojo. Se lo notaba especialmente después de pulverizar el pastizal… quizás por culpa de algunos de esos productos que le estaba echando constantemente a la tierra, su tierra. Pero no! No podía ser. El amable hombre con corbata se lo hubiera dicho. No le hubiera engañado.


Pero ahora con sus 48 años se sentía muy cansado. Se le hacía raro verse así. Su padre y su abuelo trabajaron esa tierra hasta casi el último día de su vida. Se les veía tan fuertes y sanos. Pero el estaba muy cansado. Tenía ganas de jubilarse y de pasar el legado a su hijo. Claro él trabajaba mucho más que su padre y su abuelo, por eso estaba tan cansado aunque, la verdad, su mujer le repetía todos los días de ir al médico porque tenía mal aspecto. Él trabajaba mucho si, pero también ganaba mucho más que su padre y su abuelo. Él ganaba 200 cuando ellos siempre habían ganado 10.


No había comparación… aunque echando bien los cálculos quizás él gastaba un poco más de lo que tenían que hacer su padre y su abuelo. Claro ellos no tenían establos ni equipo de fumigación, no tenían que llamar al veterinario para hacer el chequeo anual para asegurase que todo estaba bien… aunque la verdad es que nunca estaba todo bien. Haciendo un balance aproximativo nuestro amigo se gastaba más o menos 200. A su mujer no le cuadraban las cuentas, pero claro entre maquinaria, gasoil, fitosanitarios, abonos, farmacéuticas, OMG… Son cosas caras le decía, cuando intentaba oponerse al hombre con corbata. No se podía gastar menos. Y no te quejes, le decía. que a nosotros nos dan 10 de subvención. A nuestros padres no se lo daban y han vivido de esto toda la vida. Menos mal que se lo proporcionaba todo ese amable señor porque si no él, la verdad, no hubiera sabido a quien dirigirse para comprar todo lo necesario para seguir con su actividad. Con tantas cosas que necesitaba!!


Hacía mucho que no le veía a ese hombre tan majo. Ya no iba a visitarle tanto como al principio. Claro tendría mucho trabajo. Ahora todo se hacía con ordenador. Por correo electrónico. Se lo gestionaba su hijo porque la informática no iba con él. Él era más de campo. Como lo fueron su padre y su abuelo. Ahora se preguntaba como lo harían antes sin todos esos productos milagrosos que le proporcionaba ese hombre con corbata… ya no se acordaba. Ya le parecía que la única manera de ganarse la vida era así.


Ese hombre con corbata le cambió la vida. ¿Cómo se llamaba? No se acordaba muy bien… algo de santo. Claro, ¿cómo podía llamarse si no? No entendía porque había gente que le echaba peste. Esos perros flauta que iban con unas pancartas por la calle gritando en contra de las multinacionales y de la globalización. De verdad que no lo entendía. No entendía como esa gente no se daba cuenta que nos habían hecho la vida más fácil.


Pero él ya estaba muy cansado para explicarles la verdad. Con sus 48 años había días que no podía levantarse de la cama. Había días que le dolía mucho al respirar… que raro si él siempre había sido anti-tabaco. A lo mejor llevaba razón su mujer. Tenía que hacerse un chequeo. Aunque seguro que no le estaba pasando nada. No podía ser. Si él siempre había comido de sus productos, de sus animales, de sus verduras. Igual que habían hecho su padre y su abuelo. Nada había cambiado y ellos habían vivido fuertes como robles toda la vida. No podía ser… además el hombre con corbata, que tanto cuidaba de él, de su familia y de su actividad se lo hubiera dicho…


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