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En la panza de la vaca

Uno de los motores más grandes en cuanto a rentabilidad se refiere en la ganadería pastoril, es la cosecha eficiente y productiva del forraje que tenemos disponible. Los pastores tenemos que desarrollar la habilidad de cosechar la mayor porción de forraje posible, en el menor tiempo posible, con la mayor cantidad de animales posible sin causar estrés ni comprometer el rendimiento de nuestros animales. Al final de cuentas, esto es un negocio.


Y es en esas penúltimas palabras que el pastorear se convierte en arte. Es muy fácil colocar en un potrero pequeño un montón de animales por un tiempo determinado y causar un impacto deseado en el forraje y en el suelo. Pero hacerlo con buenos rendimientos en el ganado, con bajos niveles de estrés, ahí viene la maestría.


Y la cosa se pone mejor aún cuando en nuestro potrero tenemos una gran variedad de especies de pastos y hierbas en distintas etapas de madurez.


En estas fotos (gracias a Rancho Cacahuatal por el excelente trabajo que está haciendo y por compartirnos estas imágenes) podemos ver como están haciendo un grandioso trabajo de cosecha de todo ese “sol-aire-agua-minerales” que fueron transformados previamente a forraje para ahora pasar a formar parte de la vaca, aunque solo una pequeña parte se quedará en ella, el resto continuará su camino en las cadenas alimenticias y ciclaje de nutrientes a través de la orina y el estiercol.


A partir de un impacto de esta magnitud se reinicia el proceso de fotosíntesis en la mayoría de esas plantas (las que tienen capacidad de rebrote, las pratenses) y con ello viene el traslado de grandes cantidades de carbono del aire al suelo (la famosa Vía del Carbono Líquido) que nutrirán a los microorganismos que eventualmente, después de varios pasos por muchos tractos digestivos en cada uno de los eslabones de las cadenas alimenticias, terminará como humus en nuestro suelo.


Por otra rama de esas cadenas alimenticias, con ese pastoreo severo se mueren muchas raíces que en ese momento la planta no necesita (las de absorción), pasando a formar parte de la gran masa de materia orgánica que también inicia su camino por una serie de distintas cadenas alimenticias a las descritas anteriormente. En ese sitio, donde estaban las viejas raíces, las nuevas podrán crecer más rápido y fácil, con menos recursos, por lo que la exploración de suelo cada vez es mayor y con eso se va descompactando el suelo, ¡desde abajo!.


Entre todo esto, que la fotosíntesis, el humus, las raíces, etc, también estamos beneficiando al ciclo que más nos impacta en la productividad de nuestro suelo, ¡al ciclo del agua!. Vamos logrando que nuestro suelo cada vez tenga mejor:


  • cobertura para recibir el impacto de las gotas de agua,

  • estructura para mantener los poros estables ante el contacto con el agua y presión del ganado,

  • retención de humedad

  • poblaciones de microorganismos asociándose con las plantas,

  • desarrollo de raíces, que repercute directamente en el desarrollo forrajero.


Mientras todo esto ocurre, cuando cosechamos toda esa diversidad vamos logrando una mejor y más estable nutrición en nuestros animales, incrementamos la ingesta total de forraje y apuntando de manera más fácil a un mejor rendimiento de ellos. Siempre y cuando, como dijimos al inicio, el pastor haga bien su trabajo de pastoreo, manteniendo el estrés en niveles bajos.


Todas esas hierbas son comida, unas nutren más y otras menos, pero son alimento, tienen nutrientes y sustancias que el ganado puede utilizar. Así entonces, ¿para qué insistir en tener una pradera de una sola especie de pasto?, ¿porqué más pasto y cielo?, ¿y las hierbas, los arbustos, los árboles, las demás especies de pasto?. Los invito a que de manera práctica y rentable aprendan a poner todo ese forraje en la panza de la vaca.


En la panza de la vaca

Daniel Suárez

Marzo, 2023




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